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"No quiero ir a trabajar"

"No quiero ir a trabajar", la frase que ataca a casi todos los empleados en determinado momento de su vida en la que se sienten frustrados respecto de su ocupación.

La motivación resulta un elemento vital al momento de trabajar. Es aquella "fuerza" que impulsa a querer encarar una tarea, sostenerla y terminarla.

Al no contar con este empuje, difícilmente se pueden alcanzar las metas que se proponen, o bien se las consigue cada vez con una menor calidad.

Asistir cotidianamente al trabajo pasa a ser una verdadera pesadilla, y como consecuencia directa, se empieza a fallar en el desempeño, los empleados están malhumorados e irascibles, aparecen malestares psico-físicos como sentimientos de angustia, apatía y diversas enfermedades que antes no tenían.

Cuáles son entonces los pasos para enfrentar la desmotivación en el trabajo:

1. Detectar la causa: Para generar un plan de acción frente a la desmotivación, resulta vital poder encontrar la causa principal de este fenómeno.

Entre las más comunes solemos encontrar:

- Falta de reconocimiento en el trabajo: generalmente en el trabajo se busca algo más que recibir dinero. Por ejemplo, que el esfuerzo cotidiano sea reconocido. Cuando esto no ocurre, simplemente no se encuentran motivos para seguir trabajando.

- Aburrimiento: una tarea que alguna vez pudo parecer desafiante, luego de un tiempo puede convertirse en monótona. La falta de estímulo para realizar una tarea genera frustración y angustia.

- Mala comunicación: muchas veces el contenido de los mensajes contiene información escasa o contradictoria, generándose malos entendidos. A mediano o corto plazo esto produce un gran desgaste que se puede llegar a traducir en sensación de desmotivación.

- Entorno laboral hostil: cotidianamente las personas pasan más horas en oficinas que en sus hogares. Así, los vínculos laborales cobran una particular relevancia, siendo el ámbito laboral un lugar de pertenencia social. Sin embargo, en algunos casos, las personas que forman parte de estos ambientes no son amables o bien generan climas tensos de competencia que funcionan como distractores u obstructores en la realización de tareas.

2. Encontrar apoyo: dependiendo del estadio del problema el empleado puede planificar una solución solo, de la mano de algún familiar o amigo, con sus jefes o departamento de RRHH, o con ayuda de un profesional. En todas estas opciones es importante generar un espacio para pensar y programar un conjunto de acciones para darle fin a este malestar.

3. Pensar una estrategia y planificar: una vez detectada la causa, se debe generar un plan estratégico de acción contemplando las variables que se ponen en juego y la complejidad de la situación.

Las acciones algunas veces se encontraran vinculadas a el cambio de tareas, desarrollar entornos laborales donde se reciba una mayor contención o bien detectar cuáles son los aspectos positivos del actual trabajo, para no quedar sumergidos únicamente en aquello que desmotiva.

4. Armar una línea de tiempo con acciones concretas: para lograr resultados es vital armar una proyección con puntos concretos a trabajar.

5. Reflexion en la acción: a medida que se van implementando las acciones planificadas es muy importante detenerse a reflexionar sobre la hecho para poder reforzar aquellas que permiten avanzar.

6. Ajustar y seguir: del paso anterior solo queda ajustar todos los puntos potencialmente mejorables y seguir con el proceso hasta el cambio.

Fuente: www.iprofesional.com
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