«La zona de confort en términos de la psicología es una zona mental donde no se tiene sentido de riesgo.»

La zona de confort es un estado/lugar en que los psicólogos recomiendan estar para controlar situaciones de estrés o desorientación.

El concepto de zona de confort nace en los años veinte con la expresión popular en inglés americano ‘out of my comfort zone’ en español ‘fuera de mi zona de comodidad’. Esta expresión se originó para referirse a la imposibilidad de ejercer un cargo o trabajo por estar fuera de su zona de confort.

En el área del Coaching la zona de confort es un lugar mental limitativo. Como es todo lo que ya conoces y dominas como hábitos, rutinas, actitudes y comportamientos, los Coachers indican que limitan a la persona en su desarrollo tanto el personal como el profesional.

La propuesta se complementa con la siguiente fábula y su reflexión queda en el lector.

Cuento la fábula de la vaca

Hace muchos, muchos años, en un monasterio chino vivía un aspirante a monje con muchos deseos de aprender. Un día, su maestro le dijo que iban a comenzar a viajar por el país.

El candidato, muy ilusionado, se preparó para ello. Estuvieron andando unos cuantos días y finalmente llegaron a un pueblo donde vivía una familia muy humilde. Les pidieron alojamiento y comida y la humilde familia les acogió y compartieron con ellos lo que tenían. El aspirante a monje les preguntó que cómo subsistían.

Pues…tenemos una vaca. – dijo el cabeza de familia.
El aspirante le miró con interrogación y el hombre añadió.

La vaca nos da todo lo que necesitamos, nos da leche, nos da queso que luego cambiamos por otra comida, y ya está.
Por la noche, el monje le dijo al aspirante.

Ahora, cuando estén dormidos, tira la vaca por el barranco.
Pero…¿cómo voy a hacer esto? – contestó asombrado el aspirante.- ¡La vaca es lo único que tienen y es su sustento!
El monje no dijo nada, se dio la vuelta y se fue.

El candidato estuvo mucho tiempo pensando qué debía hacer y, como respetaba mucho a su maestro, fue a buscar a la vaca y la espantó para que se fuera. Luego le entró tanta culpabilidad que se fue y no volvió al monasterio. Pasó días viajando y pensando en la pobre familia que se había quedado sin su sustento principal. Siguió viajando y pensando y decidió trabajar y ahorrar para algún día comprarles una vaca. Se sentía muy culpable.

Al cabo de unos años, después de trabajar duramente y reunir el dinero para comprar la vaca, el aspirante volvió al pueblo. Se acercó a donde estaba la humilde casa y vio un coqueto hotel, rodeado de un gran huerto, un lago y patos nadando en él. Se acercó al hombre que estaba sentado en la entrada y preguntó.

Perdone, ¿aquí vivía una familia muy humilde que hace unos años tenían una vaca?
El hombre le miro y dijo.

Si, si, somos nosotros.
El aspirante lo miró y dijo.

Pero… ¿cómo han prosperado tanto?
Pues mire, un día, la vaca de la que vivíamos desapareció. Al principio nos preocupamos mucho, ¿de qué íbamos a vivir? y entonces tuvimos que pensar. Vimos que nuestra tierra era muy buena para plantar verduras, y pusimos un huerto que floreció y dio frutos enseguida. Con las verduras hicimos intercambio por otros alimentos, y el resto las vendimos. Con el dinero que ganamos compramos algo de ganado, y lo vendíamos, y con ese dinero pudimos ampliar la casa y alquilar habitaciones… y ya ve, ahora tenemos el único hotel de la ciudad.

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