“La gestión de uno mismo exige al individuo pensar estratégicamente con respecto a su carrera: a saber quién es y a dónde quiere llegar y a estar sometido a un proceso de revisión y revalidación permanente.”

El mundo de las empresas reconoce y admira esos ejemplos de talento que “repartidores de diarios por monedas en su niñez”, han construido imperios económicos. ¿Y cómo lo han logrado?

En líneas generales son personas que tienen claro lo que quieren conseguir son aquellos que detectan mayores oportunidades de desarrollo dentro y fuera de la organización y son más creativos a la hora de encontrar las vías de consecución de esas metas.

Si tenemos un buen conocimiento de nosotros mismos, nos resultará más fácil elegir la posición adecuada, es decir, encontrar el puesto donde haya más posibilidades de «encajar», siempre y cuando también tengamos un buen conocimiento de la organización y del puesto.

Cuanto más perfecto sea el encaje entre el puesto y el individuo, mayor y más rápida será la contribución del individuo a la organización. Pero hay que tener en consideración que desde un punto de vista de desarrollo profesional las mejores funciones son aquellas donde el encaje es imperfecto y exigen al individuo cierto grado de crecimiento.

Estas tareas son más arriesgadas ya que el individuo tiene mayores posibilidades de cometer errores que frenen o hagan retroceder el desarrollo de su carrera o tengan un impacto negativo en la organización. En cualquier caso, en este tipo de tareas es donde el individuo puede adquirir nuevos conocimientos, habilidades, perspectivas y capacidad de juicio.

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