Hoy algunas organizaciones están llevando la delantera en implementar programas de desarrollo de liderazgo femenino ante la percepción de que cuando se trata de fomentar el liderazgo, las mujeres requieren andar un camino diferente al de los hombres. Estos programas las alientan a ser más proactivas en buscar oportunidades para destacarse y a esforzarse en levantar sus perfiles haciendo más marketing personal.

El hecho es que no hay reglas especiales para cada género sobre cómo ejercer un buen liderazgo. Lo que las organizaciones y las personas quieren tener son buenos líderes, independientemente de si son varones o mujeres. La pregunta es: ¿necesitamos tratarlos de manera diferente para desarrollarlos como líderes?

Ya próximos a terminar una nueva década del milenio, las barreras al liderazgo femenino siguen en pie. La investigación “Elevando a las mujeres al liderazgo”, realizada en Estados Unidos en 2017 por la consultora en Recursos Humanos Lee Hecht Harrison con HR People and Strategy, señala que en la mayoría de las empresas la alta gerencia sigue dominada por los hombres, e inclusive es difícil que las mujeres sean visualizadas como materia prima para llegar a la cúpula.

Aun cuando el sexo femenino se destaca por construir comunidades dentro de las organizaciones, a menudo vemos que carecen de la confianza para hacer redes hacia arriba en la jerarquía o fomentar relaciones que pueden traducirse en oportunidades de liderazgo.

Según esta investigación, las mujeres están más predispuestas a compartir el crédito por sus logros que a ubicarse en el candelero, dejando así pasar oportunidades que suelen acompañar al éxito, muchas veces por temor a carecer la experiencia o las habilidades requeridas. Los hombres consideran las cuestiones “políticas” de oficina como un mal necesario, mientras que muchas mujeres tienden a mantenerse alejadas. Por ello se las suele percibir como “tiernitas” para ocupar los lugares de poder, aun cuando despliegan todas las mejores prácticas del liderazgo efectivo.

¿Estas realidades justifican un camino específico de entrenamiento en liderazgo para las mujeres? Tammy Heerman, VP de Liderazgo para LHH Global, considera que sí. “Aunque el conjunto de competencias que se esperan de un líder no varía con el género, las mujeres necesitan atención especial en algunos puntos y una red de soporte diferente”.

Entonces, a la hora de armar programas de desarrollo para mujeres, hay que incorporar algunas tácticas:

-Poner el foco en el cambio de modelo mental, no en las habilidades. El liderazgo es una decisión deliberada. Requiere foco e intencionalidad. Para las mujeres esto implica ahondar en una reflexión acerca de “de dónde vengo, adónde puedo ir y qué me está impidiendo avanzar”.

-Vincular el contenido con competencias de liderazgo que hagan la diferencia. Todo programa dirigido a mujeres debería abordar las competencias organizacionales requeridas para el éxito futuro. Es crítico incluir contenidos que refuercen la seguridad de las mujeres sobre lo que saben en cuanto a temas de negocios, finanzas y estrategia.

-Trabajar la resiliencia. Las mujeres quedan atrapadas en cargarse de demasiadas tareas, delegar de manera insuficiente, y creer que pueden lograr de una vez todo lo que figura en su lista de pendientes. A esto se agrega que en la mayoría recae la responsabilidad mayor en cuanto a las cuestiones operativas del hogar. Muchas mujeres se describen como caminando al borde del precipicio; otras dicen que no quieren llegar a gerentes si implica “dejar la vida”. Por ello es importante que se genere una contención y un dialogo estratégico sobre cómo poner límites y decir “no”, en aras de su salud mental y física.

-Contratar profesionales que inspiren desde un lugar de autenticidad. Ya sea una actividad desarrollada por la empresa o un socio externo, estos programas van más allá de un entrenamiento en competencias. Quienes los conducen son guías confiables que acompañan a las mujeres en su viaje de liderazgo. Las participantes quieren escuchar de primera mano cómo ellas afrontaron los desafíos.

-Anclar los aprendizajes con coaching individual. Es una inversión fundamental para que las mujeres aceleren el progreso. También provee un sistema de apoyo concreto para los nuevos modelos mentales y comportamientos, a medida que se van ejercitando.

-Cadena de favores. Muchas mujeres quieren compartir las experiencias y habilidades que obtienen de los programas de desarrollo. Hay que proveer tiempo y mecanismos para que puedan expandir estos beneficios a la organización.

Todos los líderes necesitan atravesar un proceso de descubrimiento de quiénes son y qué quieren lograr. Los programas necesitan focalizar en las competencias de liderazgo necesarias para todos los líderes, a la vez que proveer el apoyo uno a uno y de comunidad para dirigirse a los desafíos específicos que las mujeres suelen enfrentar. Eso no significa que sean diferentes las reglas para el liderazgo de hombres y mujeres. Sí se reconocen los desafíos que deben ser conquistados para ayudar a establecer una nueva generación de mujeres líderesque, por su sola presencia, aliente a otras a seguir sus pasos.

Por Susan Giuliano, Directora de Desarrollo de Liderazgo de Lee Hecht Harrison Argentina.

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