Procrastinar es, simplemente, dejar las cosas para mañana, ni más, ni menos.

Como te diría cualquier buen profesional del coaching, la confianza en uno mismo es fundamental para terminar con cualquier hábito que esté afectando negativamente nuestra vida profesional y la procrastinación no es ninguna excepción a la norma.

Pero ¿cómo podemos confiar en nuestras capacidades si no podemos dejar de procrastinar? Motivándonos a no hacerlo ofreciéndonos a nosotros mismos pequeñas recompensas a corto plazo.

Estos premios pueden ser tan sencillos como queramos y nosotros mismos decidimos qué nos puede satisfacer y recompensar al final del trabajo hecho: salir antes de trabajar, ir al cine o a una exposición que nos interese, practicar algún deporte al final de la jornada, cenar con amigos, ver una serie al final del día, etc…

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