Desarrollar la inteligencia es una práctica que se recomienda porque ayuda al desarrollo personal y en consecuencia al profesional. Aquí enfocamos el binomio inteligencia y creatividad y vemos que dentro de la psicología se ha discutido por décadas si la inteligencia y la creatividad están realmente relacionadas o si son independientes.

Dentro de los defensores de la relación se encuentra Sarnoff A. Mednick, quien asegura que la creatividad está en la capacidad de hacer asociaciones que, cuanto más lejanas, más creativas. “Ahora bien, la causa de la habilidad para hacer estas combinaciones y llegar a soluciones creativas depende, necesariamente, de la existencia de una especie de almacén de conocimientos”, explican investigadores de la Universidad de Murcia.

Visto desde otra óptica la creatividad y el cerebro estarían absolutamente conectados, y con ella la capacidad de pensar críticamente. Cuando a Rodolfo Llinás, uno de los neurocientíficos más importantes del mundo, le preguntaron qué era la creatividad aseguró que esta tiene que ver con las propiedades intrínsecas del cerebro. “La creatividad se puede aprender si a uno le enseñan a pensar. La creatividad está relacionada con la capacidad de crítica”.

“Sentir lo que los demás sienten”, es decir ser capaz de “leer” a una persona también demostraría la inteligencia. En este caso se trataría de la inteligencia emocional, ya que tener la capacidad para entender la información emocional haría que se lograra comprender a otros con mayor facilidad. De hecho existe la empatía cognitiva, que consiste en la comprensión de los otros. Hogan, quien realizó una escala de la empatía, la describe como la comprensión intelectual o imaginativa de la condición o estado de los otros sin la experiencia real de los sentimientos de la persona.

Además la capacidad de hacer reír y de reírse de sí mismo también sería un rasgo de la inteligencia. Según Business Insider un estudio encontró que las personas que escribieron subtítulos de dibujos animados más divertidos puntuaron más alto en las medidas de inteligencia verbal.

“El chiste supone una actividad de la inteligencia, una exploración del mundo exterior, de la que se extraen algunos rasgos, que se exageran, o ingresan en nuevas e ingeniosas combinaciones capaces de sorprender y arrancar la carcajada”, explica Javier del Rey Morató, profesor de la Universidad Complutense.

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