El Coach genera espacios de reflexión, confianza y preguntas poderosas, de tal manera que la persona pueda identificar aquellas pequeñas metas que la llevarán a alcanzar el gran objetivo inicial. Luego de cada sesión, la persona se llevará un aprendizaje positivo que podrá integrar en su vida diaria, generando un impacto potenciador en ella y su entorno.

La curiosidad es en las palabras de Edmund Burke “La primera y la más simple emoción que descubrimos en la mente humana es la curiosidad”, la introspección, dejarse llevar por la intuición y no dejarse vencer por la frustación, son los hitos del andar de un buen Coach.

Ser muy curioso con el entorno: Prestar atención a todo, analizar lo que sucede actualmente en el mundo, conocer su realidad y la del cliente.

Aprender a mirarse a sí mismo: Implica analizar las oportunidades que se tiene para mejorar como ser humano, eso permitirá el crecimiento personal constante.

Utilizar la intuición: Además de conocer la técnica, es importante desarrollar la intuición, ya que será el componente que permita generar las preguntas más poderosas e impactantes para su cliente.

Manejar la frustración: Habrá ocasiones en las que el cliente tendrá delante suyo las soluciones, el camino o las respuestas a su objetivo, pero no podrá verlas. Esto genera frustración para un coach, por ello es importante saber que cada persona tiene su tiempo. Además de tener paciencia e ingenio para generar nuevas formas en las que el cliente lo descubra.

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