Más de 3,3 millones de personas tienen problemas de empleo en la Argentina: 1.535.000 porque están desocupados y 1.669.000 porque están subocupados, sin considerar a los que se desempeñan en la informalidad y a los ocupados insatisfechos con sus empleos que buscan otro trabajo.

Las cifras, difundidas esta semana, son del Ministerio de Hacienda y corresponden al primer trimestre de este año; abarcan a todo el país sobre la base de una población urbana –casi 40 millones de habitantes- y están hechas con datos de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) del INDEC.

Casi la mitad de los desocupados registrados por la Encuesta –767.000– viven en la región metropolitana: 129.000 en la Ciudad de Buenos Aires y 639.000 en el conurbano bonarense. Entre los subocupados, casi la mitad se reparten entre la Ciudad – 127.000—y el Gran Buenos Aires, con 642.000. Con el 11,8%, el conurbano registra la tasa de desempleo más alta del país.

Estos datos no pueden ser comparados con anteriores, porque en el primer trimestre de 2016 no hubo medición por la “emergencia” estadística, y el INDEC considera que las series publicadas con posterioridad al primer trimestre de 2007 y hasta el cuarto trimestre de 2015 deben ser consideradas con reservas.

No obstante, “con reservas”, la serie del ministerio de Hacienda indica que con relación al primer trimestre de 2015 hay 368.000 desocupados y 342.000 subocupados más.

Este aumento del número de desocupados se explica porque en estos dos años la economía no creció y la población activa ascendió en 561.000 personas, pero el número de ocupados netos aumentó en apenas 193.000 personas, con predominio de subocupados, así llamados porque trabajan pocas horas aunque la mayoría está dispuesto a trabajar más. Por esa razón, los ocupados plenos disminuyeron de 14.708.000 en el primer trimestre de 2015 a 14.482.000 dos años después. La población activa urbana es de 17.686.000 personas.

De estos números se desprende que la economía argentina debería crear al menos entre 250.000 y 280.000 puestos de trabajo por año para que no aumente el total de desocupados. Es más que un desafío para un país donde en los últimos 10 años el empleo que se creó, con altibajos, apenas acompañó el crecimiento de la población activa, con mayor presencia de subocupados. Además, de los asalariados ocupados, un tercio se desempeña “en negro”, con mayor proporción entre el personal doméstico, la construcción y el agro, y también entre los jóvenes y las mujeres.

Más aún, en proporción a la población total, las tasas de actividad son similares a las observadas unos diez años atrás, mientras las tasas de empleo son algo inferiores. En estos años, además, se deterioró la calidad del empleo. De aquí se infiere que el mercado de trabajo está hace varios estancado, pero con un sector publico más expansivo.

Por ejemplo, el ministerio de Trabajo informó que entre 2012 y 2017 “la evolución de los trabajadores del sector público presenta una tendencia expansiva a lo largo de todo el período, aunque desde inicios de 2016 se percibe una fuerte desaceleración del crecimiento. Por otro lado, el trabajo registrado del sector privado muestra también un crecimiento a lo largo del período analizado, aunque de una magnitud muy moderada “. A su vez, en el sector privado formal, en el aumento del empleo hay un predominio del empleo formal de los monotributistas y de los monotributistas sociales.

Clarín

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