Sin pretenderlo, es posible que una decisión de Donald Trump, favorezca a Brasil y a la Argentina. Al adoptar medidas arancelarias contra China, tendrá idéntica respuesta y por el mismo valor, por parte de la potencia asiática.

Que ya dejó en claro que las mercaderías importadas de EE.UU que va a gravar, son muy especialmente las que provienen de estados donde Donald Trump tiene su base electoral.

Un caso muy especial es la importación de porotos de soja, provenientes de zonas del centro y norte estadounidense.

Pero China seguirá consumiendo soja. Para reemplazar lo que venía de ese destino, recurrirá muy especialmente a Brasil y a la Argentina. Ambos países planean aumentar la siembra para tener cosecha más voluminosa.

En la medida en que los mercados emergentes –es el caso de la inmensa China- mejoran la cantidad de la carne que consumen, necesitan de más soja, la fuente de proteínas para alimentar cerdos y pollos. El consumo mundial de soja aumentó en 50% en la década pasada, a más de 350 millones de toneladas. China es el principal consumidor mundial: compra 63% de toda la soja que se exporta en el mundo.

Hasta ahora se abastecía de Estados Unidos y de los países latinoamericanos. Brasil espera tener una cosecha de 118 millones de toneladas. Argentina confía en recuperarse de la fuerte sequía de la cosecha anterior.

Pero si China, como se calcula, necesita importar este año 100 millones de toneladas de soja, ambos países del Cono Sur no bastan para cubrir esta demanda. Pero en el largo plazo, puede extender los cultivos de soja en ambos países. El año pasado, Estados Unidos vendió a China 36 millones de toneladas. Otros proveedores pueden ser algunos países de Europa, del sudeste asiático y México.

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