“Cuanto más preciso sea el lenguaje, tendrás mayores posibilidades de atrapar a quien te escucha y de proyectar una buena imagen”.

Un problema frecuente al hablar es la repetición de algunas muletillas que cortan, y quitan brillo a lo que se está expresando. Por ejemplo: este, pero, eh, a ver, ¿se entiende?, ¿hace sentido?, mmm, asimismo, ¿no?, ¿sí?, ok, pero, bueno, o pues nada. Es un hábito que hay que erradicar en el hablar, tanto más si estamos haciendo una presentación, o una clase u otra situación.

Un discurso lleno de muletillas refleja la pésima preparación y altera completamente la comunicación, incluso puede afectar tu marca personal.

Entre las soluciones destacamos las siguientes:

Analiza la forma en la que hablas y cuando estés a punto de decir las muletillas, detente. Luego toma uno o dos segundos para pensar y continúa expresando la idea que sigue. Los silencios en oratoria son tan valiosos como en la música.

Hay muchas frases adecuadas que puedes incorporar en tu oratoria para unir y acentuar las ideas según el sentido de lo que expresas. Algunos ejemplos son: además, de igual forma, me interesa resaltar, quisiera enfatizar, una idea central de este aspecto es, tal como hemos visto, sin embargo.

Enfatiza la última palabra que has dicho, luego haz una pausa de uno o dos segundos y retomas la idea repitiendo con otra entonación lo mismo que expresaste. Te ahorrarás las muletillas de siempre. Ejemplo: supongamos que finalizas diciendo “y de esta forma concluimos esta parte del proyecto”, haces una pausa y retomarías diciendo “esta parte del proyecto requiere que ahora pasemos a analizar”.

Las muletillas aparecen especialmente cuando sientes que te quedas “en blanco”, ese momento en el que sientes que ya no puedes continuar. Tranquilo: haz una pausa muy breve y concentrate en la siguiente idea. Cuando sales de una pequeña pausa sería conveniente que tu tono de voz sea un poco más arriba que tu último final de frase, para marcar la diferencia; es como un punto y aparte en la escritura.

El orador inexperto suele usar las muletillas cuando se equivoca, y para salir de ese hoyo siempre quiere decir algo, lo que sea. Lo mejor que puedes hacer es permanecer en silencio o asumir que te equivocaste y seguir adelante. ¡No pasa nada! Incluso humaniza tu presentación y genera empatía, pero no abuses.

Cuando no lograr unir una idea con otra, puede ser el momento ideal para lanzar una pregunta retórica, de esas que se responden con un sí o no, y de paso evalúas cómo está la audiencia. Cambia la muletilla por las preguntas ¿cómo vamos hasta aquí?, ¿le seguimos?, si les parece bien, al final tomaré preguntas, y cualquier otra por el estilo. Aprovecha para tener un feedback del público y así te nutres en tu energía y discurso.

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