“Cuando salí de mi primer trabajo, mi jefe me dijo que estaba cometiendo el error más grande de mi vida. Le dije que quizás tenga razón, pero que tenía seguir mi instinto”, cuenta John Thiel, colaborador de LinkedIn.

“No necesité discutir el propósito. Yo me sentía optimista acerca de mi futuro, y al dejar ese empleo, sabía que estaba tomando un rol activo en mejorar mi vida”, continúa el también director of Merrill Lynch Wealth Management en su artículo When You Know It’s Time to Go.

La gente suele asociar renunciar a un empleo con darse por vencido, pero en realidad se trata de entender cuando es el momento para irse –especialmente hoy en día, cuando cada vez es más raro ver a alguien hacer el mismo trabajo durante 20 o 30 años. Entonces, ¿cómo saber cuándo es el momento de tomar otra dirección?

“A lo largo de mi carrera, hubo una serie de situaciones que me parecieron ser bastante universales para todos”, comenta Thiel.

Si usted está realmente aburrido con su trabajo, debería pensar en hacer algo distinto. Quedarse en ese puesto no es justo ni para la empresa donde labora ni para sus clientes. Y desde luego, no es justo para usted. “Esto me sucedió en mi primer trabajo. Cuando empezó a parecer algo memorístico y mundano, sabía que ese no era mi futuro”, agrega.

Si nota que sus propios valores no están alineados con la organización, definitivamente debería irse. Thiel cuenta que alguna vez tuvo un trabajo donde le sucedió eso, “y tan pronto me di cuenta, sabía que tenía que salir tan rápido como podía. Si se ven comprometidos mis valores y mis ideas de servicio, no puedo dormir, así que tengo que irme”.

A veces, la empresa y su cultura pueden ser geniales, pero tiene la mala suerte de trabajar para alguien que no tiene en cuenta sus intereses. Alguien, por ejemplo, que le tiene celos o tiene baja autoestima y se desquita con usted. “En mi caso, tuve la oportunidad de hablar con otras personas dentro la compañía, y, finalmente, encontré un nuevo puesto en otra área de la misma firma”, recuerda el ejecutivo.

Por supuesto, una de las razones más comunes –y mejores– para dejar un trabajo es debido a una oportunidad o desafío en otro lugar. Por ejemplo, unos años después de que empecé a trabajar en Merrill Lynch, deje un puesto en una oficina local, en donde hacía un buen trabajo y me sentía cómodo, para trabajar en Nueva York en el equipo gerencial. “Sin duda era un rol importante y de mucha responsabilidad, pero ya había estado trabajando y mejorando mis habilidades gerenciales. Así que cuando llegó esa oportunidad, yo sabía que iba a tener un gran impacto tanto en mi vida personal como profesional, pero estaba listo y tenía que dar el salto”.

No importa cuál sea la razón, si usted toma la decisión de cambiar de aires, recuerde siempre hacerlo de la manera más profesional posible. No hay necesidad de buscar revanchas o querer tener la última palabra, es probable que esas actitudes le pasen factura más adelante en sus aspiraciones profesionales.

“¿Recuerdan cuando les conté que al renunciar a mi primer empleo, mi jefe en ese entonces me dijo que estaba cometiendo un gran error? Ese antiguo empleador es ahora un cliente nuestro y tengo una gran amistad con él”, afirma Thiel. Lo más importante es mantenerse optimista y conservar su dignidad –incluso en las circunstancias más difíciles. Eso le servirá de mucho, no importa cuál sea su situación laboral.

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