Gestionar a un equipo que no se encuentra en la oficina tiene sus pautas particulares en lo que hace a su organización. Una vez seleccionados el software de uso y las tecnologías de uso hay otros aspectos de gestión que inciden en el desarrollo de las tareas y las metas propuestas.

Confianza en tu equipo. ¡Imprescindible! Con los equipos remotos pierdes la sensación de control que da tener a tus trabajadores en la oficina, al no saber si están o no trabajando y a qué se están dedicando en cada momento. ¿La solución? A pesar de que te pueda tentar instalar algún tipo de forma de control (algún software para que midan las horas, por ejemplo), evita hacerlo si puedes y basa la relación en la confianza, la comunicación y los resultados.

Las metas de trabajo y los plazos de ejecucción. Esto es importante también con equipos presenciales, pero de forma remota se vuelve un punto más crítico, al no poder simplemente acercarte a la mesa de alguien para preguntarle cómo le va el trabajo. Todos los miembros del equipo deben saber qué se espera de ellos exactamente y qué plazos tienen para cada una de sus tareas.

Dependiendo de cómo sea el flujo de trabajo, lo ideal es poner también reuniones periódicas (semanales, mensuales, lo que prefieras) vía Skype u otros de todo el equipo o algunos departamentos. En ellas, además de escucharos las voces, podéis tratar temas surgidos durante la semana, tomar decisiones y reapartir tareas, entre otras cosas.

Evaluar los resultados. Lo de la confianza viene por aquí: ¿cómo saber si tus empleados están cumpliendo con sus obligaciones? Evaluando los resultados. Si detectas que alguien no funciona, habla con él/ella para ver si es porque no se está esforzando o porque la carga de trabajo es demasiado alta.

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