“El poder es la habilidad de obtener todo lo que se desea del entorno, considerando lo que está disponible” – H.B. Karp

¿Goza usted de una posición de poder? Si es así, ¿cómo maneja ese privilegio? ¿Ejerce el poder fascinación sobre usted? ¿Cómo se siente al percibir el poder que tiene para ejercer influencia o control sobre otras personas? ¿El poder que detenta le ha sido otorgado desde afuera o emana de su vida interior? Normalmente, ¿cómo se siente: poderoso o desempoderado? ¿Su estilo de ejercer el poder contribuye a la obtención de los resultados y metas esperados por usted y su organización? Las respuestas a estas preguntas pueden traer revelaciones importantes acerca de cómo usted maneja el poder.

Liderazgo y poder se implican recíprocamente. Liderazgo y poder están intrínsecamente relacionados. Uno no puede existir sin el otro. El poder es el fundamento de cualquier forma de liderazgo. Sin poder no hay liderazgo, pero el ejercicio del liderazgo que tienen como base un poder alienado, es peligroso y destructivo; es la negación del liderazgo.

Podemos decir que el liderazgo es el canal a través del cual el poder mejor se expresa. Cuando el poder se expresa consciente del impacto que éste es capaz de producir en otros, con verdadera delimitación de los derechos y necesidades propias y de los demás; cuando el poder se expresa con clara conciencia de su uso, como consecuencia de tener claridad de la propias necesidades y las de los otros, y de estar orientado a la satisfacción de éstas, el poder, entonces, fluye como expresión libre, plena y auténtica de la vida interior del líder, sin fachadas, ni estereotipos, ni pretensiones ególatras y mezquinas, ni necesidad de demostrar dominio o someter a otros, ni de ejercer control a ultranza. El poder, entonces, es energía – combustible – para el liderazgo transformador.

Cuando el poder se expresa también con genuino compromiso, con sensibilidad y empatía, con profundo respeto y honra hacia los demás, el uso del poder conlleva a ganar liderazgo y generar influencia que redunda en el logro de objetivos compartidos. El poder, entonces, fluye como energía creativa que moviliza, con enfoque y congruencia, todos los recursos internos (talentos, habilidades, experiencias, emociones, conocimientos, etc.) para el logro de objetivos comunes. El liderazgo se convierte de esta manera en un vehículo para la contribución, el servicio, la acción transformadora, el canal para el aporte a la satisfacción de las necesidades de los demás y el cumplimiento de los objetivos organizacionales.

El liderazgo visto así, se define como el uso ético y responsable del poder, que se ejerce con integridad, con respecto al otro y convicción a los propios valores asumidos como principios de vida. El liderazgo, entonces, como lo expresa Warren Bennis, “es el recto uso del poder”.

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