LIDERAZGO ETICO PILAR DE LA CAMPAÑA SANMARTINIANA

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Al cumplirse un nuevo aniversario el 17 de Agosto, del fallecimiento del Gral. José de San Martín queremos compartir sus conceptos éticos que lo acompañaron en el desarrollo de su misión como Libertador. El liderazgo es una gestión apoyada en firmes convicciones que cumplen la Visión del emprendimiento.

“Es la ciencia de los actos humanos, que enseña a distinguir el bien del mal. San Martín se esforzó por hacer comprender a los oficiales: que lo que ordenaran debía estar dirigido a cosa lícita y que no era ético exigir obediencia sobre algo ilegal o fuera de la ley. La ética se manifiesta en la práctica de las virtudes. Recordemos que virtud es la disposición constante del alma que nos incita a obrar bien y evitar el mal.”

San Martín practicó y enseñó las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, como podemos comprobar con algunos ejemplos, según señala el Instituto Nacional Sanmartiniano:

-La prudencia: es la virtud que permite prever y evitar fallas y peligros. Supone buen juicio, cordura y discernimiento; se caracteriza por la moderación, la precaución y la sabiduría.
Esta virtud estuvo presente la noche del 20 de setiembre del año 1822, cuando el Libertador se dirigió al puerto de Ancón, abandonando el Perú, con la frustración que le produjo la entrevista de Guayaquil, pero admitiendo que su retiro de la vida pública era necesario para completar la independencia, que no podía realizarse sin la intervención de Bolívar.

-La justicia: disposición constante de dar a cada uno lo suyo. Un episodio revela que el general aplicaba la justicia con sus subordinados. El 2º jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo, Tcnel. Melián, acostumbraba a montar a caballo como los indios, de un salto, lo que mereció que San Martín le manifestara que estaba vulnerando el reglamento y merecía una sanción. Debido a que se preparaba la batalla de Chacabuco, se dejó en suspenso el arresto, pero debido al desempeño heroico de dicho oficial, San Martín le manifestó que le levantaba la sanción en premio a su bravura y le regalaba unos estribos que había usado en Bailén: sirvase de ellos en mi obsequio y verá que para cercenar cabezas godas nada es mejor ni más conveniente que afirmarse bien sobre los estribos.

-La fortaleza: de la que deriva el valor y la abnegación en las resoluciones a tomar y permite vencer el temor y huir de la temeridad.
San Martín demostró poseer esta virtud, cuando el 9-1-1820, se produce la sublevación del Batallón 1 de Cazadores de los Andes, acantonado en San Juan, unidad que se perdió definitivamente para la causa de la independencia. A dos de los cabecillas del motín, el Capitán Mendizábal y el Teniente Morillo, que fueron capturados, San Martín ordenó que fueran juzgados por sendos consejos de guerra y fusilados.

-La templanza: que permite moderar los apetitos naturales y supone moderación y continencia en el uso de las cosas lícitas. Encontramos un ejemplo en las palabras que dirige a los peruanos en su despedida: La presencia de un militar afortunado por más desprendimiento que tenga es temible a los Estados que de nuevo se constituyen. En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas como en lo general de las cosas dividirán sus opiniones y los hijos de estos darán el verdadero fallo… . En esa forma San Martín, voluntariamente abandonaba el poder, sin caer en la tentación de usar la fuerza para disputar la preeminencia política, a la que legítimamente podía aspirar.

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